#SilentConcerts

El silencio es para la música, lo que un lienzo limpio es para la pintura. Los discos se graban en estudios a los que no entra ni un ruido del exterior, pero en una presentación en vivo todo cambia. El público tiene una incidencia directa en cómo va a sonar la música. Su labor es responder a lo que el artista está entregando y de manera colectiva crear una atmósfera que será el color y la textura de fondo. Eso es lo más bonito de un concierto, y esa es la razón –llámenla social o espiritual– por la que de pronto el momento de sesenta mil personas cantando “Karma Police” o cien completamente calladas escuchando a Alexi Murdoch se vuelve y se siente trascendente. Porque hay una sensación de unidad en la que todos los presentes dan y reciben.

Platicar es darle la espalda a ese intercambio. Hablar durante las canciones es lo mismo que no haberlas escuchado. Y el ruido que se genera es el equivalente a dibujar un pito en el cuadro de todos. Es importante entender que hay lugares para todo, e ir a hablar a un concierto en el que la música requiere de silencio para ser escuchada es un pésimo negocio. Sale más barato ir a tomar un café o ir a un bar.

Estamos seguros que la mejor manera de disfrutar y apreciar ciertos conciertos es con la mente y los sentidos fijos en la música. No somos ningún tipo de policía del silencio que te vaya a sacar si hablas. Simplemente nos gusta compartir lo que sentimos, así que decidimos crear un hashtag, marcar los eventos que creemos convenientes como #SilentConcerts y pedir a todas las personas que compren un boleto que por favor estén conscientes de eso y le den una oportunidad a nuestra recomendación.